Como si no fuera suficiente con tener obispo castrense y capellanes en los batallones, los curas se prestan para bendecir las armas para la guerra.
Si se llega a aprobar el porte de armas, quizás el precio pueda aumentárseles si el arma es bendecida por un sacerdote. Ahí tendríamos licencia divina para matar. Buen negocio.

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