Ahora resulta que por aquì no ha pasado nada y la CPI hace oìdos sordos a los 6.402 falsos positivos, al desplazamiento forzado, desapariciones y constantes violaciones a los derechos humanos en Colombia. Es como si vivièramos en un paraìso lleno de angelitos y gobernados por un santoral, cuando la verdad sea dicha, estamos llevados del diablo.
Triste destino el de este paìs donde la comunidad y las cortes internacionales se hacen las de la vista corta.

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