Este dúo dinámico sabe hacer las cosas magistralmente. Cada uno nombra a la esposa del otro en su respectivo órgano de control y en alta posición. Son los malabaristas del poder que saben caminar sin caerse por la cuerda floja. Y por si las moscas se resbalan, encuentran una malla de impunidad que los recibe cariñosamente.
Lo sucedido en Pereira habla bien mal de cómo estamos en Colombia. Sin dios y sin ley.

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